Hace algunos años, el tema de las startups ha sido objeto constante de conversaciones profesionales, incluso personales. En algunos casos, el sueño de emprender se ha convertido en sinónimo de crear una startup. Todo este interés no es en vano, ya que hay varios casos de startups exitosas que alcanzaron su apogeo rápidamente.
Las grandes empresas suelen mirar a las empresas pequeñas y verlas como candidatas a proveedoras. Y la relación que estas corporaciones suelen tener con sus proveedores no siempre funciona cuando se trata de startups. Se acaba creando un círculo que nunca se cierra.
Si aún tienes dudas sobre cómo funciona este modelo de negocio, sigue acompañando nuestro artículo:
¿Qué es una startup?
Por definición, una startup es una organización temporal en busca de un modelo de negocios repetible y escalable. En términos generales, son empresas cuyo modelo de negocio aún no ha sido completamente probado. Es decir: todavía son apuestas. Y por “escalables”, entiende una empresa que puede generar millones en facturación y ganancias con un equipo relativamente pequeño de empleados, en un corto período de tiempo. Esta es la escala, y la aceleración, que agrada a los inversores.
Una empresa generalmente refleja a sus líderes. Esto aplica para compañías de todos los tamaños, pero es mucho más evidente en startups. Por ello, en algunos casos, analizar una startup se confunde con entender a su socio fundador.
Y las startups, al igual que sus fundadores, no son iguales unas a otras. No es porque todas sean empresas pequeñas y nuevas que puedan ser entendidas de una sola manera; a veces ni siquiera son comparables entre sí.
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¿Por qué las grandes empresas deberían acercarse a las startups?
Debido a que son mucho más ágiles, las startups suelen encontrar soluciones muy diferentes para problemas en los negocios. El problema es que la forma de encarar los negocios, y la necesidad de poner la innovación en primer plano en la estrategia, hace que la cultura de las startups tenga mucho que aportar a cualquier tipo de empresa.
Basta ver esta definición para entender que no toda empresa puede ser una startup. De hecho, esto está restringido a un grupo muy específico de negocios.
Para las startups, la ventaja de este tipo de comercio es el espacio que ganan en el mercado y también descubren nuevas formas de mirar las más diversas situaciones que surgen a lo largo de la trayectoria. En este proceso, las empresas gigantes aprenden una nueva forma de hacer negocios.
Qué considerar antes de comenzar una relación con una startup
Rapidez y agilidad
Esto, sin duda alguna, aumenta las posibilidades de una buena relación, ya que para organizaciones tan sensibles como las startups, todo tiempo es precioso – y puede resultar entre la continuidad o el fin de la empresa.
2. Tener objetivo establecido
Cuando no tenemos claridad sobre cuál es el objetivo que perseguimos, y cuál será el resultado deseado en la relación con la startup, la tendencia es que esa aproximación fracase.
3. Personalización
Este tipo de empresa busca un modelo de negocio repetible y escalable. Por ello, normalmente soluciona una única cosa con excelencia, con un enfoque totalmente dirigido a lo que se propuso enfrentar, y con un alto nivel de precisión en la ejecución.
4. Buscar soluciones y no tecnología
Muchas empresas solo buscan lo más moderno en avance tecnológico e inteligencia artificial. Cuando eso ocurre, terminan sin enfocarse en la solución del problema.
Siempre es bueno recalcar que la tecnología es un medio, y no un “fin”.
5. Autonomía
Cuando una corporación decide trabajar con startups, es común que quiera, e incluso intente controlar todo el proceso. No podemos esperar que las startups se adapten a procesos rígidos de control, pues, a fin de cuentas, eso será perjudicial a su naturaleza de innovación.
6. El tipo de relación que se quiere establecer
Es fundamental saber cuál es el objetivo estratégico de la empresa con su plan de innovación antes de decidir aplicar un modelo nuevo o uno ya existente. La elección de lo que funcione mejor dependerá también del grado de madurez e involucramiento de la compañía.
Conclusión
Sin un modelo que haga que la compañía se involucre como un todo en la iniciativa – algo que venga desde lo más alto de su jerarquía – y que dé autonomía real a los proyectos de innovación, no importa el modelo adoptado para acercarse a startups: todos estarán condenados al fracaso y a la frustración.
Ahora, cuando la iniciativa forma parte de los planes de innovación estratégica de la empresa, y esto es algo realmente vivo dentro de la organización, el potencial de estas alianzas es gigantesco.








