La madurez corporativa es un tema que se ha estado discutiendo en los canales en línea de Stratec y guía un proyecto desarrollado por la empresa. Por ello, buscamos la contribución de un texto distribuido por OThink, una empresa de consultoría que es nuestra socia. Sigue el debate en torno a la noción de madurez en el texto de Célia Pinheiro.
“¿Qué significa madurez? ¿Qué fase es esta? ¿Qué beneficios y cuidados nos trae y exige? ¿Cómo hacer para obtenerla en su totalidad? Estas son algunas cuestiones que me gustaría abordar en este artículo, desde el punto de vista humano y organizacional.
Todos buscamos constantemente la madurez. Por madurez, entiéndase crecimiento, maduración emocional y espiritual. Al mismo tiempo que buscamos la madurez, es común encontrarnos con personas que se resisten de manera perentoria a los cambios, repitiendo los mismos errores, teniendo las mismas dudas y sentimientos, implicándose con las mismas cosas y peleando por las mismas cuestiones.
Son pocas las personas que han madurado de forma equilibrada y hoy demuestran sapiencia, equilibrio, paciencia, felicidad, buen humor, es decir, todos los atributos positivos relativos a la madurez. La mayoría lamenta la llegada de esta etapa de la vida, recordándose de las oportunidades que perdió, de lo que no hizo y debería haber hecho, o incluso, retrocediendo a etapas anteriores de la vida.
Esta letargia en relación a la maduración personal se debe en gran medida a la inversión de valores por la que pasamos actualmente. La ambición se ha transformado en virtud de la competencia; el egoísmo se ha convertido en un arma de supervivencia; la paciencia ha sido sustituida por el espíritu de urgencia; y la gratitud ha sido canjeada por la lucha por los derechos. Quemamos muchas etapas para obtener rapidez e inmediatez en todo. Esto se ha revertido contra nosotros trayendo falta de significado, de misión y de conciencia vocacional. Hemos dejado de tener una meta definida, de estudiar el camino y convivir con sus percances. Hemos dejado de lado la disciplina, esencial para el logro de la meta.
Y ¿cómo impacta esta madurez en las organizaciones? ¿Podemos transferir a este organismo social las mismas cuestiones y etapas pertinentes al ser humano? Creo que sí.
Las empresas son organismos sociales vivos, en constante transformación y, como tal, también pasan por fases de evolución: infancia, adolescencia y madurez.
Una empresa que se encuentra en la fase de la infancia tiene algunas cuestiones intrínsecas a esta fase: ¿qué rumbos y direcciones debe seguir, cuáles fortalezas y debilidades posee, en qué paradojas se encuentra? El enfoque en esta etapa es garantizar que el sueño se transforme en acciones palpables, que se asuman riesgos medibles. Se trata de una fase de asunción de muchos compromisos y trabajo para sustentar el emprendimiento, ya que en la mayoría de las veces, no hay una estructura organizacional consolidada, procesos o procedimientos estructurados o incluso ingresos recurrentes.
En la fase de la adolescencia, la empresa inicia su proceso de estructuración organizacional, buscando la forma más inteligente de dividir sus actividades en áreas y departamentos. Esta acción normalmente genera conflictos recurrentes, provenientes de peleas por el poder. Diría que es el estado caótico, pero creativo y necesario, que precede a la madurez de la empresa.
En la fase de madurez organizacional ya encontramos habilidades suficientes para el autocontrol y la flexibilidad frente a cuestiones de mercado y de la competencia. En esta fase, las empresas ya tienen los próximos pasos programados al poseer un historial relevante, es decir, saben lo que hicieron, aprendieron de sus aciertos y errores y, por lo tanto, se conocen mucho más profundamente para tomar decisiones futuras. Se encuentran, también, más métodos y patrones de respuestas establecidos para procesos de comunicación, medición y transparencia en relación a las cuestiones corporativas.
El desempeño en la resolución de problemas es parte del día a día y no se limita a acciones reactivas. El método ayuda mucho en esto. La organización moderna que busca el crecimiento constante, así como la visibilidad en el mercado, debe apostar en la madurez de sus procesos, servicios y relaciones con colaboradores, clientes y la sociedad en general.
La transparencia organizacional y los procesos de gobernanza son producto de la madurez cultural y de los líderes de una organización. El proceso de madurez, tanto personal como organizacional, es evolutivo. Para la plena incorporación de esta fase y la utilización de sus beneficios, es necesario el entendimiento y la vivencia de la fase anterior. Cualquier falla en los aprendizajes típicos de cada fase impactará en la siguiente.
De la misma forma que nos encontramos con seres humanos que no poseen la madurez pertinente a su faixa etaria, observamos lo mismo con las organizaciones. Encontramos organizaciones bien posicionadas en el mercado, de renombre y resultados financieros positivos, pero con procesos organizacionales precarios y sin gobernanza efectiva. Esta inmadurez representa un riesgo al éxito del negocio a largo plazo. La madurez organizacional reflejada en todos los procesos de la organización garantiza una mayor productividad y eficiencia del negocio.
El camino hacia la madurez no es sencillo, ya sea para el ser humano o para las organizaciones. Para que se produzca la obtención de la madurez, es de vital importancia que en la infancia exista una estructura de base muy bien formada. En el caso del ser humano, los roles de la familia y del educador son fundamentales para establecer límites e introducir valores socialmente aceptados para los niños. En la organización, se hace fundamental la definición clara de las directrices, misión y visión, así como los valores que deberán pautar la trayectoria organizacional. En caso de que no se garantice la vivencia integral de esta fase, a través de un proceso estructurado y bien conducido, con certeza habrá un perjuicio en las demás fases.
El alcance de la madurez está directamente ligado a la calidad de la infancia vivida. Un comienzo bien estructurado es la clave del éxito para un resultado positivo: ya sea en la formación de un ser humano o de una organización.
